¿Quién no conoce un caso de cáncer a su alrededor? Los casos más cercanos que he experimentado a lo largo de mi vida ha sido a través de mi madre y mi abuela. Hace un año y medio nos dieron la noticia del segundo cáncer de mi madre. Suele haber nervios, evasión… una mezcla que acompaña en todo el proceso a la persona y a la familia. Por desgracia, hoy en día  hay mucho desconocimiento del cáncer e incluso así te lo transmiten los médicos: - “Parece ser un cáncer raro”, “no se sabe por dónde avanzará ni cómo de rápido”, “así es el cáncer”, “el tratamiento de quimioterapia es “el mejor” de momento”…

Todo son incógnitas e incertidumbre en un estilo de vida en el que necesitamos tenerlo todo controlado, saber los ¿porqués?, conocer la información…

En el caso de mi madre los doctores le recomendaron un tratamiento de quimioterapia de 6 meses y ella decidió empezar con Reiki y Craneo sacral como tratamientos complementarios. El Reiki se aplicaba a la medicación para reducir los efectos secundarios de ésta en su cuerpo y durante la sesión de quimio recibía Reiki para ayudar a su cuerpo a integrar el medicamento, aumentar la energía vital de su cuerpo y reforzar su sistema inmunitario. Una vez finalizado el tratamiento de quimio que duraba 3 días, volvíamos a aplicar Reiki ya en su casa.

Nos dimos cuenta de que su propio cuerpo era el que iba marcando el ritmo de las sesiones, pues por los resultados de sus analíticas tuvieron que reducir un par de veces las dosis de la medicación. Ella sufrió el mínimo de los efectos secundarios, notaba el típico hormigueo en manos y pies, sensaciones de náuseas y los calambres debido a las cosas frías pero no la desbordaban. En su rostro y en su pelo no se notaron apenas cambios. Sus compañeros de trabajo se sorprendían cada vez que ella les visitaba del buen aspecto que tenía.

En un par de ocasiones no pudo recibir el Reiki durante la quimioterapia. Para nuestra sorpresa los niveles de leucocitos blancos en sangre, los encargados de mantener nuestro sistema inmunitario en activo, bajaron bastante retrasando las sesiones de quimio, además las náuseas y el malestar con la comida se hicieron más fuertes justo los días posteriores al tratamiento. La propia experiencia, sin necesidad de resultados estadísticos nos estaba mostrando los beneficios del Reiki.

Estudios clínicos afirman que el Reiki ayuda a la regeneración de tejidos, aumenta el sistema inmunitario y estimula la fabricación de “células T Killer” encargadas de eliminar las células tumorales. Además ayuda en procesos de aceptación de la propia enfermedad a nivel mental y emocional. El Reiki en sí no cura, el Reiki desbloquea cualquier energía estancada o bloqueada para que el cuerpo y la persona lleven a cabo su auto curación. Al aplicar Reiki, el cuerpo sólo acepta la energía que necesita, nunca puede haber un exceso o una falta de Reiki pues no depende de quién lo practica sino de la persona que recibe.

El que recibe tiene el poder, ni un médico ni un terapeuta pueden robártelo. Retomar el poder sobre nuestro cuerpo, elegir qué queremos y qué no, ser responsables de nuestras elecciones nos ayuda a estar sanos, nos permite aceptar nuestra realidad y poder curarnos. ¡Tú decides a qué tren quieres subirte!

 

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